sábado, 12 de diciembre de 2009

jueves, 10 de diciembre de 2009

“Fotografiando la Mente I”


Me ilusiona la idea de captar imágenes mientras me desplazo por la ciudad sin la presión de tener que hacer una buena foto. Esta es la consigna que el centro de Terapias de Artes Expresivas convoca en su jornada “Fotografiando la mente”. No soy fotógrafa pero sí contemplativa. Y quizá con eso baste. Presiento que no se trata de la calidad del producto que muestre sino de la belleza que puede llegar a cobrar la realidad que observo, ese detalle que no existiría sin nuestra mirada. Imagino desde ya la quietud de los colores, la nostalgia y lo gastado con luz, las aceras rotas que reciben el andar ágil de los transeúntes. ¡Cuántas ideas podemos recuperar sobre nosotros mismos imaginando!
Acabo de terminar de leer Lo Bello y lo triste de Yasunari Kawabata. Llegué a él de casualidad quizá atraída por el título aunque sin saber con lo que me encontraría. Disfruté de la complejidad de los personajes, de los diálogos cortos y emocionantes, del paisaje oriental que se abre como un telón de fondo para que la muerte despliegue sus señales. Uno concluye que no hay nada más natural que lo antinatural. De hecho, alivia. Pareciera que Kawabata tiene la certeza de que el tormento está en la sangre. El mismo decide terminar con su vida muy pronto a pesar de la gloria de haber sido premio nobel de literatura. Porque la pena no cede a los premios. Aunque gracias a éstos muchos puedan decir tanto. Como Cortázar, al que siempre vuelvo en busca de mi misma. Y así me tropiezo con Aumenta la Criminalidad Infantil en los Estados Unidos (según informa la prensa), un poema que ironiza sobre la sociedad moderna que se corrompe mientras consume chatarra, que se aniquila mientras no sea acusada por la juventud desenfadada que está dispuesta a vivir. Estamos tan perdidos, nos dice Cortázar, que hasta la Gran Costumbre se entromete en el delirio más esquizofrénico. Y mientras escribo, los retazos que estaban allí sueltos en mi mente empiezan a unirse: Kawabata, la jornada, Cortázar y una foto. Quizá todo esto es la nada. Pero si pienso en el recorrido previo a lanzarme a fotografiar mi mente, tengo que delirar un poco. Y la foto que falta para cerrar el círculo compone un paisaje marino lleno de piedras grandes, pequeñas y más grandes que se alzan tímidamente desde la orilla hasta el mar adentro donde revientan las olas. Y yo estoy parada sobre una de estos montículos que salen de la profundidad en el Cabo de la Buena Esperanza donde el mar Indico se junta con el mar Atlántico, donde confluyen dos océanos, dos continentes, donde se tocan dos mundos gracias al trascurrir del agua. Y yo moviendo los dedos de mis manos puedo estar exactamente en el cruce de ambos mares. Yo, allí frente a la inmensidad solitaria del mar, soy partícipe de un encuentro, de una confluencia intangible. Y esta paradoja me conmueve. Y es desde ella que quiero lanzarme a fotografiar la ciudad.

domingo, 15 de noviembre de 2009

“No hables, solo sigue jugando…”


Estoy sentada frente al computador tratando de captar al vuelo y ordenar (si se puede) todo lo que transita por mi cabeza y me interrumpen constantemente emails de gente ofreciendo productos y servicios, de gente apurada por ser, de gente que hipoteca su vida por poco. Y de pronto me siento sola. … si es que en vez de entrar al ruedo de la sociedad giratoria me divierto leyendo tratados de amor significa que estoy hecha de otra materia? Seguramente mi historia no contada podría dar una explicación muy coherente sobre esta tendencia de mi piel a envolverse pero mi consciencia o yo, no.
Hoy viví el vacío que se cuela en las carreteras colmadas de carros, en la bulla interminable que se esconde en el gesto de los niños jugando. La tiranía del tiempo azota la capacidad para salir de la espiral. Como si todo esto fuera sintónico a no ser porque me vi desde afuera ligeramente adentro, porque me vislumbré a lo lejos del horizonte tratando de lidiar con las olas de un mar picado en la oscuridad de la noche. Este es el vértigo. El cansancio crónico.
Y pensé nostálgica que nada mejor que las palabras que escuché hace poco de un niño jugando a ese apuro de las carreteras, con ansiedad. Como si tratara de explicarme en su lenguaje el tiempo en que vivimos. Un tiempo donde los niños se debaten entre seguir siéndolo o hablar con elocuencia para agradarnos. “No hables, solo sigue jugando”, es la frase que lúdicamente pronuncia una y otra vez y que a mí me parece la forma más conmovedora de dar cuenta de un fenómeno macro que carcome, que calcina los ojos, que provoca mareo. Ni la sociedad del hiperconsumismo que Giles Lipovetsky describe, ni el egoísmo arraigado de los personajes de La autopista del sur de Julio Cortázar, ni las denuncias de Al Gore sobre la pulsión destructiva del hombre con su medio ambiente reflejan este fenómeno como el juego de este pequeño niño que cuanto más mira el reloj más me repite “no hables, solo sigue jugando”. Como si el juego fuera la vida y pensar sobre lo que acontece en él no estuviera contemplado en la consigna. La tarea es ganarle a los minutos aunque esto cree la falsa ilusión de que todo está bien.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Suerte de qué, de quién…


Emma es la protagonista de “La suerte de Emma”, película que se proyecta como parte del Festival de Cine Europeo. Emma no está tan lejos allá en la pantalla blanca. Basta con afinar la mirada para constatar que Emma está por todos lados. Es más, no dudo de mis emmas, de mis hematomas.
Emma es compleja. Se dedica a criar cerdos en una granja perdida de Alemania para sobrevivir. Frágil. Tanática también cuando degolla a sus cerdos muy suavemente. No le queda otra porque son su sustento de vida. Pero no lo hace con maldad. En el fondo los quiere proteger de una muerte abrupta. Uno se queda con la imagen flotando: matar para vivir. En este tipo de filmes uno duda. El hombre puede llegar al placer por la vía de la destrucción. Cosa rara y más cierta que nada. Uno puede percibir la dulzura de Emma cuando mata a sus cerdos para sobrevivir. “Los salva o se salva?”.
Paralelamente, Max, un empleado de una tienda de compra y venta de autos, es diagnosticado de cáncer. Desesperado por la noticia, se roba uno de los autos para irse lejos de sí mismo y en el camino intenta suicidarse. Falla. Falla? El auto se estrella justamente en la granja de Emma (extrema ficción). Y es así como estas dos historias se cruzan. A primeras, mientras él la encuentra en su quehacer diario con los cerdos, ella le explica que los mata inesperadamente porque “peor es el miedo a la muerte que la muerte en sí misma”. Emma seguro que también le quiere decir: “si no te atreves a vivir sin miedo ahora que estas tan cerca de la muerte… nunca”. Hará más tarde con Alex lo mismo que con sus cerdos a pesar del amor que nace entre ellos. El amor a pesar de la muerte. El amor conviviendo con el vino y la pena a la vez. Emma evita el dolor de Alex, lo cura de graves heridas, lo hospeda, le recuerda que aún está vivo, le ofrece su lado más femeninamente masculino, se ofrece sin más que su historia de vida, una historia cargada de muertes en plural pero lo mata. Como si la muerte fuera la única solución. Ambos contienen la muerte y ambos la desafían hasta donde pueden. Emma roba el dinero del hombre que luego amará, Emma incendia el auto que Alex robó para matarse porque no puede más con su soledad. Emma lo ama mientras él se debate con la muerte. Emma presiente la enfermedad de Alex porque la conoce. Emma reniega porque Alex ha ordenado su caos doméstico, porque ha reparado su vida. Alex salva a Emma del desalojo que la asedia asumiendo su deuda con dinero robado. Alex ama su ser solo. Emma, Alex, Alex, Emma… envueltos en el amor? en las tinieblas?
¿Qué es el amor?
La suerte de quién se narra aquí. De Alex, que aprende a ser feliz muy tarde, cuando ya no hay nada que hacer?, de Emma, quien cuando por fin conoce el lado Eros de ella, de la vida, se le escapa con la brisa más sutil? ¿Esta es una película hecha para salir riendo porque después de todo todavía hay un director de cine que piensa que el amor nos puede dar “calidad de vida” cuando la muerte acecha? o es que esta es una película que golpea tanto que hace falta escribir para no seguir aguantando lo que uno se lleva después de verla... O es que esperaba curar mis hematomas con La suerte de Emma así como Emma esperaba vivir para siempre con Alex…

martes, 27 de octubre de 2009

Tu Amistad


A ti que me hiciste llorar…
Te escribo a ti porque me ayudaste a perder la noción del tiempo siquiera por un rato, un rato que para mí tuvo la forma de un gran círculo. Y su perímetro por el que andábamos y andábamos era una soga tan gruesa capaz de cobijar mis pies y los tuyos. Tú adelante mío, yo adelante tuyo y, por qué no, ambas de la mano, una al lado de la otra desafiando todas las leyes de la gravedad, de la lógica. Ah, y también danzábamos girando y girando muy juntas, como un trompo que no puede detenerse, acompañadas de nuestras existencias lejanas, de recuerdos, mirándonos, buscándonos con ayuda de nuestras manos o quizá siguiendo el rastro de nuestros olores a casa, a leche, a guiso tibio.
Desde tu pena y tu dolor, me devolviste la ilusión que no encontraba en estos días, tú sin saberlo me llevaste de la mano muy suavemente por caminos donde la palabra existe, tu sin saberlo le devolviste a mi cuerpo algo de su brillo, tú en medio de la oscuridad me orientaste a hacer algo tan sencillo como puede ser prender la luz del cuarto. Sólo mostrándote. Hace bien tu presencia y también tu ausencia, aunque parezca raro, porque tú permites que se te lleve dentro, en el corazón. Con ese mismo corazón con que tú dices me lees, me intuyes, me entiendes.
Escribo contra el reloj, con la ansiedad de no poder decir todo lo que quiero (vieja tara en mi existencia), con la ansiedad de que ya pronto puedas leerme para que no te sientas tan sola, para que recibas esto como un regalo de mi corazón al tuyo, para devolverte la mirada tierna que tienes y que me haces tener.
Me pareció que entre nosotras hablando suceden muchas cosas… tu gato que se envuelve en la colcha sin poder salir de allí porque siente todo lo que pasa, el aroma del café sosteniendo nuestras miradas viscerales, la gente allá afuera dando vueltas a nuestro alrededor en plena lucha diaria pero perdiéndose esto, los fantasmas negros, deformes, turbulentos que entran y salen de nuestro círculo que nos envuelve, que nos devuelve. Me pareció que aquello que sucedió hoy entre nosotras merecías saberlo de mí.

viernes, 16 de octubre de 2009

Cuerpos fértiles


Si existe la capacidad de plasmar en un torso de mujer un estado de ánimo, si existe tal cosa… su dueña es Luz Negib. Tuve la suerte de encontrarme con la propietaria de Artco y hacer juntas un recorrido por la muestra llamada Torsos. Se me acaba de ocurrir que mis visitas furtivas a las galerías de arte podrían beneficiarse mucho de entrevistas: al artista? al galerista?, a un visitante como yo?, o al lienzo mismo y esperar que desde él salga alguna pregunta, alguna respuesta. De los cuadros de Negib, por decirlo, salen colores intensos, mariposas, espaldas sumamente contorneadas, senos intensamente sensuales, plumas de nidos, lluvia, puñales, atados de nervios, ojos que lo pueden ver todo. En fin, Negib refleja la variada vida sentimental de una mujer y se vale del cuerpo para expresarla. Deduzco que la relativamente añosa artista aún sigue preguntándose acerca de sí misma, aún sigue elaborando su experiencia íntima como mujer. Ella apunta: “… a pesar de cualquier angustia interior, pretendo que mi pintura refleje el aspecto gozoso de la existencia”. Exacta manera de describir su proyecto pues quien contempla sus pinturas se va con la sensación de que la dicha no es enemiga del dolor, de que el frío puede inmiscuirse por los pliegues tibios de nuestro vientre. Me entero de que Negib tiene un proceso de creación alucinante. Ella recoge imágenes de creaciones anteriores, a las que llama “padre” y “madre”, y se sirve de ellas para lograr una nueva propuesta. Logra así obtener un resultado tejiendo elementos que vienen de otros momentos y otras inquietudes. Al final, lo que vemos es la acumulación lenta de muchos años de existencia. Se nota a leguas que los torsos “padre” y “madre” de esta muestra apenas están delineados. Más parecen reflejar un paisaje cualquiera. Pero en las últimas creaciones parece que el paisaje se metió en su cuerpo, en el mío y en algún otro desconocido. La vivencia pasa de estar afuera a estar dentro, bien cerca de la sangre, bien cerca de la piel. ¿Por qué este giro? ¿Qué emociones que no conocemos nos depara el paso del tiempo en relación a nuestro cuerpo? Hoy, por ejemplo, visitaba una amiga que es dulcemente mamá de un recién nacido. Ella, al igual que Negib, también me hablaba de su transformación radical y de su necesidad de plasmar toda su vivencia en algún lugar de su cuaderno de vida. No sé por qué terminamos hablando de Paul Auster, El Angel de Ocongate, Bolaño, El Quijote… Luz, tienes alguna respuesta?

sábado, 10 de octubre de 2009

La Mujer de Antes, ahora más que nunca


Como parte de la IV Muestra Internacional de Teatro de Lima se presentó La Mujer de Antes, un montaje de la Compañía mexicana Línea de Sombra, que aborda grandes temas con poca escenografía. Adaptación de Roland Schimmelpfennig, la originalidad de la obra está en el manejo acertado del tiempo. En un vaivén que va de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante, todo lo que presenciamos transcurre durante una sola noche. Admirable la capacidad de los actores de volver sobre sus pasos y repetir las escenas a manera de un rompecabezas. Los gestos, el tono de voz, los movimientos del cuerpo son los mismos en momentos distintos como si hubieran sido grabados y al hacer rewind los volviéramos a ver reflejados en una pantalla. De fragmento en fragmento se construye la historia. Una historia que comienza con una pareja que luego de 19 años de estar casada decide mudarse con su hijo adolescente a otra ciudad. Las luces de los carros reflejadas en las ventanas del departamento, los sonidos metálicos al fondo pero nítidos y los jeans obligados sirven para situar esta historia en alguna gran urbe que aplasta. Quizá por eso la mudanza. Quizá por eso las cajas pesadas regadas por todos lados. Pero la llegada de la que fue enamorada del esposo durante un verano de su lejana adolescencia interrumpe inesperadamente en la escena para reclamar ese amor perpetuo que el joven de aquellos días le prometió. La aparición es absolutamente absurda pero lo que sigue es un drama que cobra matices terroríficos. Paralelamente, el joven hijo de esta pareja vive un amor intenso y así como el padre, promete el mismo amor eterno como lo hizo aquél hace muchos años atrás con esta mujer que ahora regresa. Estas dos historias se entretejen y el desenlace final es una tragedia danzada. Sí, danzada porque descubrimos hacia lo último a unos actores que demuestran muy bien sus iras, celos, desilusiones y violencia con el lenguaje del cuerpo.
Quién es esta mujer tan inocente que se aparece así como así luego de 24 años a reclamar sus derechos como mujer cortamente amada que fue? Quién es esta mujer que en el lapso de unos minutos tiene la capacidad de traerse abajo toda una vida construida en familia? Como si fuera una prueba de fuego para esta pareja o como si fuera el fantasma del pasado que habita en ellos, esta mujer más bien representa los antiguos deseos, lo perdido, las ilusiones cortas, la canción. Pone en evidencia lo que los años de vida en común, pueden, paradójicamente, corromper. El marido ha olvidado cantar, la esposa guarda con recelo y nostalgia los buenos momentos y el hijo, que aún no puede dejar sus juguetes de la infancia vive un amor de juventud. El tiempo ha enterrado lo que cada quien fue y lo que tuvo. Pero el tiempo también es capaz de preservar encapsulado el amor de verdad. Así lo demuestra esta mujer que viene no sé sabe de dónde ni hacia dónde va pero que lleva consigo un gran poder.

sábado, 3 de octubre de 2009

¿Sigmund Freud leyó a León Hebreo?


Después de leer algo de la obra de Freud es imposible vivir sin preguntarnos todo el tiempo por qué, por qué y por qué. Es imposible no pensar qué me habrá querido decir?… es imposible no leer el diario y no fantasear o estar manejando y no imaginar la vida que se esconde detrás de cada conductor. Qué persecutorio!! Pero no puedo negar que eso me pasa todo el tiempo. Así que contaré mis peripecias mentales leyendo la traducción de los Diálogos de amor de León Hebreo.
Filón y Sofía, personajes de la obra renacentista, hablan sobre el amor pero no pueden amarse (alta dosis de neurosis?). Filón es el amante ideal (o sea, no existe) y Sofía es la amada ingrata que se niega a acceder al deseo de Filón (histérica innata?). Los convoca sus diferencias acerca del deseo y el amor. Sofía dirá que el deseo nace de una falta porque uno desea lo que no tiene. Y lo que no se tiene no puede amarse. En suma, lo que se desea no se ama. Filón, por el contrario, cree que el deseo y el amor sí pueden coincidir más aún cuando la fantasía está de por medio (alucinación?).
Si pisamos el palito nos corremos el riesgo de que el amor se estropee, según Sofía. Desde su filosofía o experiencia de vida, todo amor llega necesariamente a su fin, se agota. Decide racionalmente entonces no responder al amor de Filón porque si lo hace estaría corrompiendo la perfección de ese amor puro. Entonces se ofrece como intocable. Porque si se entrega, Filón dejaría de ser el gran amante y ella la dulce amada. Y eso sería lo peor. Lo chotea pues. Y encima le pide a Filón que le prometa seguir hablando acerca del amor (qué sadomasoquista!).
Efectivamente, Filón se encuentra (inconscientemente?) con Sofía y ésta le pide que se siente a la sombra de un árbol a conversar (como en el diván?). Se disponen a hablar de lo prometido, del origen del amor, pero Filón no recuerda la promesa porque su congoja de no ser correspondido por Sofía es tan grande que anula toda posibilidad de pensar (qué envidia!) Hablan de amores enredadísimos, aquellos de los que no conocemos mucho los simples mortales. El amor entre las cosas inanimadas, los cuerpos celestes, los dioses griegos. Filón profundo explica que todo el universo se mueve gracias a las fuerzas del amor. Y que las cosas que existen en este mundo son más o menos evolucionadas según el grado de amor con que copulan el cielo (padre) y la tierra (madre). Definitivamente platónico. Pero Sofía cuestiona porque no entiende cómo puede existir amor entre las formas inanimadas. Filón ya casi sin aire habla de la existencia de un amor esencial que es causa y fin último de todas las criaturas que habitan el universo. Hasta que al final del diálogo ambos (al borde del delirio) concluyen que “el amor es una ligadura que une todo el mundo”. Y se cierra el telón hasta un nuevo encuentro.
¿Será que Freud leyó a León Hebreo antes de escribir sobre Eros y Tánatos? ¿Podemos ver en Filón la expresión más audaz de la pulsión de vida y en Sofía la pulsión de muerte? O más certeramente, ¿No es que Filón y Sofía nos pertenecen a todos?

jueves, 24 de septiembre de 2009

No Apto para Melancólicos



"Si me escucharas…"
Si me escucharas decir que ando nostálgica, algo fantástico hubieras inventado. No como el tiempo que, aunque transcurre, no silencia las grietas del dolor. No voy a negar que por momentos lo logra con rotundo éxito. Pero hay otros, como los de hoy, en los que “Concierto Animal” de Blanca Valera esta bien. Y se me ocurre que asaltando sus palabras y haciéndolas mías quizá me entiendas desde donde estás. “Si me escucharas/tú muerto(a) y yo muerta de ti/si me escucharas…” podría contarte tantas cosas, tantas como que “Esta mañana soy otra/(porque)toda la noche/el viento me dio alas/para caer...” Si me escucharas, seguro me prestarías tus alas, aunque con ellas me caiga una y otra vez, aunque las use como simple indumentaria porque no dejase de pisar firme la tierra. No sé. Porque hay veces sólo “trepo como una araña que soy/frágil y rencorosa…”. Otras, seguramente más atlética, trepo con fuerza para no dar “tumbos de lo oscuro a lo oscuro”. Y entre lo alto y lo bajo, entre los diálogos y la “hoguera de silencios” han transcurrido algunos momentos.
Qué manera ésta más sui generis de hablarte, en código morse. Y aunque esta poesía sea ajena, sé que la escucharás contada a mi modo. Contada por quien aprendió a “pensar en lo pequeño/y en lo inmenso/en las estrellas más lejanas/ e inmóviles…” para “no morir cada día un poco más”. Te dije que estaba nostálgica. Tú me hubieras animado a poetizar mi existencia. Te hubiera gustado escuchar de mi voz que Filón y Sofía se seducen filosofando, que voy descubriendo coincidencias entre personajes disimiles, que tengo pulsión literaria para no explotar, que dudo. Y tú hubieras coincidido conmigo acerca del dudar porque “a veces la duda/explícita como una flor/con pétalos y señales nos induce/a girar en nuestros ejes/a tener sed/a beber entintando labios imaginados…”. Pero perdóname por hacer esto, por pisotear versos ajenos para soñar. Es que si me escucharas no tendría necesidad de hacerlo. Es que si me escucharas… sabrías que “el animal que se revuelca en barro/(que)está cantando/(que)amor gruñe en su pecho/y (que) en sucia luz envuelto/se va de fiesta”, soy yo.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Yo, Schopenhauer y Maya García Miró…

Estaba pensando en que lo más fascinante de tener un blog es que puedo jugar sin caer en infantilismos y regresiones riesgosas, esas que solemos experimentar quienes nos lanzamos a buscar agujas en el negro de la noche. Juego a la libertad, juego a esconderme en la sombra de Marina, juego a descubrir quiénes me leen. En fin, creo que juego a atreverme a jugar. Y jugar está siendo adictivo. Tanto, que esta vez las novelas no calman mi ansiedad crónica. Hace falta otra cosa; quizá amasar con los dedos esa espesura que se amontona en mi pecho para ver si doy con alguna cosa, siquiera con la figura de un garabato. Como este.
Ayer, contra viento y marea, fui a un llamado “refrigerio científico” que trató sobre la influencia del pensamiento de Arthur Schopenhauer en la obra de Sigmund Freud. Ambicioso proyecto del expositor psicoanalista. Todo estuvo muy interesante pero lo que más capturó mi atención no fue precisamente lo filosófico y lo teórico del asunto sino la vida sentimental de los puercoespines. Resulta que en invierno estos animalitos se encuentran aquejados por dos sufrimientos. O bien se alejan unos de otros y padecen frío. O bien se juntan unos con otros para mantener el calor y se clavan las espinas que les destrozan las carnes. Buscan, pues, una situación intermedia aceptable entre la soledad helada y la proximidad hiriente. Escena arto conocida.
Maya García Miró expone en Forum Seis, una serie de piezas inspiradas en la niñez pero no sólo en lo más naive e inocente de ella. Todo lo contrario. La artista utiliza clavos, velas gastadas y perdigones para que demos dos pasos atrás en cuanto a clichés sobre infancia se refiere. En “La Casita”, el “El Sillón” o en “La Cama”, García Miró nos sorprende construyendo objetos placenteros de nuestra vida cotidiana con clavos que se salen de una tela rosada y floreada. Filuda manera de desmantelar el mito en torno a lo que debería ser la etapa más feliz de nuestra vida. Pero no sólo es eso. García Miró también alude al puercoespín de Schopenhauer y a la necesidad de llamarme Marina para jugar.

domingo, 13 de septiembre de 2009

La Hipocresía se apodera de las Tablas


No soporto la hipocresía y menos aún cuando te la arrojan en la cara en su versión más barroca. Esperando La Carroza, obra escrita por Jacobo Lagsner y adaptada por Alberto Isola, trata sobre el conflicto familiar desatado por la supuesta muerte de “Mamá Cora”, que de matriarca pasó a la clandestinidad psíquica y física. Esta tragedia más que comedia se inicia cuando la joven y embarazadísima esposa del hermano mayor de la familia (Jimena Lindo) estalla de ansiedad por convivir con la suegra entrometida, pero además, cuando irrumpe y conmociona al espectador con su rabia porque está indignada de la indiferencia ajena. De aquí en adelante toda la atmósfera se tiñe de envidias, engaños, culpa y lamento disfrazado porque en el fondo bien que todos quieren deshacerse de la vieja Cora que sólo sabe traer problemas y hacer merengues que ya nadie quiere probar.
Terminé aturdida. A lo mejor yo soy una de esas personas para las que las comedias no están hechas. Lo que produce carcajada a mí me da náusea, lo que pasa desapercibido a mi me desorienta totalmente y lo que se dice a voz en cuello a mi me provoca vergüenza ajena. Y si no fuera porque en plena función aparecieron los cronopios por entre los escombros de mi mente aplastada (esos seres de otro? mundo que se han convertido en mi objeto transicional), no hubiera podido tolerar aquello de las poses impuestas y la pena fingida. No voy a negar que prefiero la sutileza irónica que despliega Julio Cortázar en “Conducta en los Velorios” que la histriónica falsedad puesta en escena por Isola para decir lo mismo.
Para variar, otra vez gana mi sentimentalismo. Por eso me quedo con aquella entrañable familia que ha organizado toda su existencia asistiendo a los velorios del barrio para “enseñarles” a sus vecinos deudos que es más creíble el dolor llorando hasta humedecer por completo un pañuelo morado, que es mejor preparar un discurso para conmover de veras a los demás, que es muestra de mayor humanidad quedarse hasta el alba junto al cajón pero tomando mate caliente. Típicamente cortazariano, este relato se burla del giro social y festivo de los ahora llamados velorios pero también muestra sin pelos en la lengua que lo más grotesco de nuestra existencia es harina de este costal.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Historias desde el Galpón




“Proyecto Empleadas”, la obra teatral que se presenta por poco tiempo en el centro cultural elgalpón.espacio gracias a la sensibilidad de sus directores, Rodrigo Benza y Jorge Baldeón, es una propuesta interesante que se inscribe en la larga lista de ideas artísticas que vienen explorando la temática del/la trabajador(a) del hogar.
Entre las que recuerdo ahora, figura una muestra fotográfica llamada “La Otra” de la artista Natalia Iguiñiz. Se trataba de una serie de imágenes en las que aparecían las empleadoras posando junto a sus respectivas empleadas. Bastaba contemplar sus rostros y posturas para intuir todo acerca de la relación que había entre ellas.
"Bin-jip”, película del surrealista director coreano Kim Ki-duk, cuyo título original significa "Hogares Vacíos", trata sobre un joven indigente que se introduce como un fantasma en casas ajenas para hacer los trabajos domésticos que sus empleadores no hacen porque pertenecen a una posición social acomodada. Si bien en un inicio el personaje se introduce en dichos hogares en el anonimato total, con el tiempo, en esas mismas paredes abandonadas irá a descubrir el gran amor de su vida.
En este caso, “Proyecto Empleadas” explora dramáticamente esa trama que se va tejiendo entre quienes conviven en un mismo hogar y ocupan jerarquías distintas.
Pero empecemos por el galpón. Propicio lugar que los directores escogen para reflexionar sobre un tema social tan presente y tan dejado de lado en nuestra sociedad. Si pensamos que antiguamente un galpón era una casa destinada a los esclavos de las haciendas de América, desde allí hay mucho material que, sutilmente, se sugiere. Lo divertido es que uno se siente muy bien en ese galpón-garaje rodeado de gente amistosa, música en vivo, cafecito y luces de neón.
Mientras nos vamos acomodando en el estrado del espacio escénico las dos y únicas actrices de la obra, Stephanie Orúe y Andrea Fernández, ya están esperándonos lavando la ropa (de ellas?, de sus patrones?). Parece que los directores nos hicieran tomar conciencia de cuán cotidiana es esta escena en la vida de cualquier peruano. Me estaba acomodando en mi sitio y de pronto distingo nítidamente unos “ruidos” que simulan artefactos eléctricos, movimientos de alguien que está lavando platos, el chirrido de puertas que se abren y cierran, la alarma de un reloj; es decir, los sonidos de una rutina tan pesada como exclavizante.
Desde el inicio, la obra nos golpea y no deja de hacerlo durante toda la función. Asistimos a un viaje en el que por momentos nos identificamos con alguna escena doméstica, sentimos pena y culpa por ello, reparamos en la hipocresía social y en la desconfianza innata, nos avergonzamos de los gestos tan instalados de discriminación, nos apena por quienes vivieron pérdidas irremplazables y por quienes viven añorando una vida mejor.
Hacia el desenlace de la obra, una de las actrices alza la voz para proponer una idea que sigue resonando en mi mente. “Hay que prevenir la migración”.
Y me quedo pensando en la necesidad de que una obra como esta se presente en espacios teatrales más comerciales de nuestra ciudad. Valdría la pena.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Pintando América



Tengo un tesoro entre manos. Se trata de la bella edición que Gilda Mantilla y Raimond Chaves acaban de presentar bajo el título “Dibujando América” y que es el resultado de un largo proyecto fotográfico en el que los artistas recorren Venezuela, Colombia, Ecuador y el norte del Perú durante cien días. Conforman la presentación ocho cuadernillos recubiertos por una cuidadosa y ecológica caja de cartón. A primera vista este trabajo es la respuesta artística de los viajeros a una invitación que la 27ª Bienal de Sao Paulo (2006) les lanza para dibujar Brasil. Pero hay algo más que un fiel registro territorial. Este proyecto es más complejo. Puedo olerlo. E incluso intuyo que los autores estaban más interesados en plasmar lo que creyeron ver en lo que vieron y lo que desearon ver en lo que vieron. Como si para ellos, Brasil no es el territorio brasileño. Es lo que ellos imaginan que es Brasil. Es decir, como si para conocer Brasil bastara con no moverse del Perú. Mantilla y Chaves presentan uno de los cuadernillos así: “Quieren que dibujemos Brasil. Aceptamos el invite. Sin embargo Brasil suena enorme y no hay tiempo material para hacerlo. ¿Por dónde empezar? ¿Cómo manejar el deseo de alguien que quiere que dibujes algo? ¿En qué estarán pensando? ¿Será buena idea empezar a dibujar Brasil desde el Perú?...”
¿Será que Mantilla y Chaves nos invitan ahora a nosotros a pensar en lo que América significa?, y, por consiguiente, ¿será que nos invitan a pensar en lo que significa el Perú dentro de la gran América? Me lo pregunto así porque no es casual que este conjunto de imágenes impresas llegue a mi vida en un momento en que leo entusiasmada obras de autores criollos y mestizos como El Apologético a favor de Don Luis de Góngora o Los Comentarios Reales de los Incas que se enmarcan dentro del discurso literario colonial y que rescatan las bondades de América con orgullo aunque en sus venas haya sangre española. ¿Qué pasa con los autores que escribe sobre su patria desde el exilio? Retomando la idea de Mantilla y Chaves, América entonces, además de ser un continente, sería una idea, una concepción o una imagen que se tiene de ella y que puede ser compartida o no. Es decir, existiría un Perú en cada persona que se proponga pensar en él. Pero mejor juguemos porque me pongo densa y nostálgica.
Si los españoles descubrieron América hace siglos gracias a un afán aventurero (propio del romanticismo) y a un proyecto más bien lucrativo (propio de todas las épocas), si luego Mantilla&Chavez descubrieron América de una manera más amistosa a través de su mirada tolerante y sus creativos dibujos, ¿cómo hago yo ahora para descubrir América a mi manera? Empresa titánica si además no cuento para nada con las habilidades guerreras de los peninsulares ni con la destreza plástica de los artífices de esta publicación. La única herramienta interesante (o estresante tal vez) es mi tendencia a rumiar. Así que pensando y quizá soñando en cómo hacer para descubrir América se me ocurrió empezar por escoger un color para pintarla. Ya Mantilla y Chaves escogieron el turquesa para representarla. Para mí América podría ser el color de la campiña, del cielo abierto, de los pueblos perdidos, de los rostros con hambre, de los mantos tejidos a mano y, por qué no, de unos ojos con esperanza.

lunes, 31 de agosto de 2009

Bolaño Excursiona en el Cine


Tardíamente descubrí a Roberto Bolaño. Empecé con Estrella Distante, libro que guardaba celosamente entre los que quería leer. Fue tanta mi pena cuando lo terminé que empalmé con Nocturno de Chile. De todos esos días de lecturas de pie, en el auto, en la cama, en el avión y hasta en las madrugadas se grabó una frase. Dice así: “Sólo el dolor ata a la vida, sólo el dolor es capaz de revelarla”.
¿Qué tienen que ver mis lecturas sobre Bolaño con lo que quiero realmente escribir aquí? Unos días atrás fui al cine. Vi “Excursiones”, película sobre la cual no pretendo hacer ninguna crítica seria porque no lo sé hacer. Pero “Excursiones”, film proyectado en el Festival de Cine Latinoamericano de Lima y luego en la cartelera comercial del CPUC, me interesó porque trata sobre la amistad. Comienza con el encuentro, o mejor dicho, el desencuentro entre dos amigos de infancia que luego de muchos años se vuelven a contactar. El que toma la iniciativa es Marco. Pero utiliza un pretexto que no convence a nadie. Resulta que de un momento a otro, siendo empleado de una fábrica de golosinas, decide montar una obra de teatro basada en un guión mediocre escrito por él mismo en la secundaria. Suena a impuesto, a necesidad de impresionar o quizá a sacudirse él mismo de su monotonía. Pero el destinatario de este guión, Martín, es un antiguo camarada que ahora es un artista talentoso y muy reconocido en el círculo bohemio bonaerense.
Las angustias y la ansiedad que ambos personajes sienten cuando empiezan a re-conocerse nos remiten a nuestros propios fantasmas del ayer. Amigos que antaño fueron hermanos hoy no pueden leer las líneas impresas en sus manos. Surge la incomodidad, los silencios tensos y el conocido esfuerzo por decir, decir, decir, deciiiiir. Pero no seamos tan pesimistas. En el fondo, sí había mucho para decir.
Luego de la frustrada puesta en escena del proyecto teatral, ambos personajes sueltan antiguas rabias y malentendidos logrando un diálogo conmovedor. Para mí este fue el clímax de la película. El nudo se desata. Aquello que los alejó durante diez años fue el dolor que cada uno (a su manera) sintió frente al suicidio de un amigo común en la adolescencia. El recuerdo de ese dolor callado, junto a la culpa por no haber percibido el gesto de la muerte tenuemente anunciada, los acerca ahora y los humaniza sin darse cuenta. El dolor empieza a dar paso a la risa y a la magia. Los personajes deciden entonces mostrar sus propios colores. Literalmente. La película recupera su color. Y el proyecto/pretexto pierde protagonismo. Ya no lo necesitan para estar juntos.
Volvamos a Bolaño porque sin duda pensaba en él a la hora de reflexionar sobre esta película. ¿No será que la catarsis abre nuevas posibilidades de vida? Entiendo que Bolaño está queriendo decir que quien no conoce el dolor no conoce la vida. Paradójico, no? Pero es así como la frase de la gran poeta chileno cobra sentido en un diálogo de amigos que el director Ezequiel Acuña muestra muchos años después en su película “Excursiones”.

viernes, 28 de agosto de 2009

De Fito Espinosa a Raymond Carver


Desde que me enteré que Fito Espinosa exponía en la Galería Forum, el entusiasmo fue evidente. Seguro presentía que me iba a encontrar con una obra lúdica, íntima, abierta y muy emotiva. Y así fue. Tanto, que me provocó jugar. Sentí que Espinoza se preguntaba hasta dónde podemos conectarnos con nosotros mismos y de ahí con los demás; cuánto espacio mental abrigamos para que ocurra lo inesperado: el amor; cómo lidiamos con la espera. Hasta dónde el amor significa tener una “visión compartida” sin que los momentos de ensimismamiento signifiquen necesariamente desamor. ¿Se puede amar estando solos?
Mirando las pinturas de Espinosa nos contactamos con el silencio, la incomunicación pero también con el miedo que nace de dejar libre el paso/abismo hacia el corazón. El díptico “La Mujer y El Corazón / El Hombre y La Razón”, reflexiona sobre los avatares de la comunicación en una relación de pareja. Sin embargo, pareciera que hay un estereotipo cuando leemos las respectivas frases que Espinosa apunta en su lienzo: “La mujer que veía con el corazón y El hombre que usaba sólo la razón”. Lo que llamó mi atención de esta pieza fue un texto poético que acompaña la obra en el catálogo de la exposición y que dice “Cada vez que cierro los ojos estás ahí. Abrirlos es perderte un poco”. Reveladora confesión. Qué importante resulta ser la imagen que nos hacemos del otro!! Cuánta utopía regada en el reino del amor. ¿No será mejor mantener un ojo cerrado para no desilusionarnos porque si lo abrimos nos perdemos mutuamente?.
Lo curioso de esta experiencia fue la transformación de estado de ánimo que fui sufriendo durante las siguientes horas y días a la visita de la muestra. Divagando un poco, como suelo hacer, se me apareció abruptamente la frase literal de un libro de Raymond Carver que se titula “De qué hablamos cuando hablamos de Amor”. Terminé sumergida, por lo tanto, en escenas sórdidas, en encierros domésticos, en vacíos profundos que no se alivian con una taza de café. Los personajes están cubiertos de poca luz, han sido abandonados o desalojados. En Carver apreciamos el pesimismo: el amor como un estado pasajero que un día necesariamente llega a su fin. Incluso, se sugiere la idea de la inexistencia del amor. “¿Es que a veces es sólo un recuerdo o ya ni siquiera es eso”, se pregunta un personaje cuarentón, quien irónicamente es un médico cardiólogo.

Ah!, me olvidaba. Sería interesante explorar cómo una propuesta artística que explora el tema del amor se apoya en la teoría matemática de los conjuntos.

domingo, 23 de agosto de 2009

"Razon de Peso"

El concepto de literatura se ha estirado tanto que ahora caben en ella expresiones no sólo estéticamente bien escritas, sino todo tipo de voces; entre ellas, el sonido del cuerpo, la mirada congelada en una fotografía, las sensaciones profundas de angustia, los deja vú, los colores que cubren los rostros más familiares. Si lo literario es, por decirlo, la forma de acercarse o alejarse del mundo, la capacidad para percibir lo poético en los lugares más cotidianos, por qué no proponer este blog como un espacio nuevo de discurso literario, o, mejor aún, como un espacio donde la pulsión puede fluir sin riesgo de caer en el CANON que nos oprime?
El estado de ensoñación constante o la atención libre flotante puesta al servicio de la sobrevivencia puede resultar en una soledad placentera, pero soledad al fin y al cabo. Me propongo entonces como el portavoz de un submundo que a simple vista no se ve y desde allí me lanzo a recorrer las calles más visibles de nuestra urbe. Desde allá hacia acá. Desde el laberinto infinito que no tiene nombre ni forma hasta los bordes más nítidos de la esfera terráquea. Si partimos de este lugar/no lugar, quiere decir que no hay tiempo ni lógica, no hay obligaciones con los ciber-lectores , no hay fechas fijas de entrega. Tampoco hay temática más o menos interesante porque todo esconde un gran sentido. Cedámosle la posta de una vez a lo más desconocido que habita en nosotros, es decir, a nosotros mismos.