¿Será que una nueva faceta de personalidad empieza a nacer desde que investigo qué cosas se escriben en los blogs? Mi pulsión voyeurista (esa que andaba bastante bien camuflada) se ha destapado desde que entré al mundo de los blogs. Si los usuarios de facebook eran mis peores enemigos ahora estoy muy cerca de parecerme a ellos desde que me asedia la compulsión a chequear nuevos posts en los blogs que sigo. No estoy hablando de una entrada al día. No. Esto es algo serio. Estoy hablando de visitas permanentes que pueden darse en un lapso muy cortito de tiempo. Minutos? Sí. Y del otro lado, la adicción por postear seguro es tanta que al empatar con mis “carencias” podríamos hablar de un seguimiento simultáneo, de un baile acompasado aunque no conozca personalmente a mi interlocutor. No importa. El juego no está en la piel. Un acecho así, de darse en la vida real, terminaría por asfixiar a mi partenaire. Entonces, con qué raza me ponía yo a criticar a los usuarios de facebook que andaban investigando la vida de los otros si soy una bloggera /lectora adicta? Curioso que algunas variantes de socialización tridemensional, es decir, real, se repitan a la hora de ponerme en contacto con la virtualidad: prefiero poco antes que mucho y ya con eso tengo angustias para rato; con dificultad establezco contacto sin llegar al autismo pero rozándolo; y claro, un perfil bajo, bajísimo. Y así voy fluyendo hasta llegar al regozijo y regreso al punto cero.
No es casual que El mal de Montano de Enrique Vila Matas sea mi nuevo compañero de cabecera. Comprendo esas patologías adictivas relacionadas a la lectura. Pero más que nada, conozco esa necesidad de acumular volúmenes y de ir rondándolos hasta encontrar el momento emocionalmente preciso para lanzarme a ellos y coger alguno.
