lunes, 31 de agosto de 2009

Bolaño Excursiona en el Cine


Tardíamente descubrí a Roberto Bolaño. Empecé con Estrella Distante, libro que guardaba celosamente entre los que quería leer. Fue tanta mi pena cuando lo terminé que empalmé con Nocturno de Chile. De todos esos días de lecturas de pie, en el auto, en la cama, en el avión y hasta en las madrugadas se grabó una frase. Dice así: “Sólo el dolor ata a la vida, sólo el dolor es capaz de revelarla”.
¿Qué tienen que ver mis lecturas sobre Bolaño con lo que quiero realmente escribir aquí? Unos días atrás fui al cine. Vi “Excursiones”, película sobre la cual no pretendo hacer ninguna crítica seria porque no lo sé hacer. Pero “Excursiones”, film proyectado en el Festival de Cine Latinoamericano de Lima y luego en la cartelera comercial del CPUC, me interesó porque trata sobre la amistad. Comienza con el encuentro, o mejor dicho, el desencuentro entre dos amigos de infancia que luego de muchos años se vuelven a contactar. El que toma la iniciativa es Marco. Pero utiliza un pretexto que no convence a nadie. Resulta que de un momento a otro, siendo empleado de una fábrica de golosinas, decide montar una obra de teatro basada en un guión mediocre escrito por él mismo en la secundaria. Suena a impuesto, a necesidad de impresionar o quizá a sacudirse él mismo de su monotonía. Pero el destinatario de este guión, Martín, es un antiguo camarada que ahora es un artista talentoso y muy reconocido en el círculo bohemio bonaerense.
Las angustias y la ansiedad que ambos personajes sienten cuando empiezan a re-conocerse nos remiten a nuestros propios fantasmas del ayer. Amigos que antaño fueron hermanos hoy no pueden leer las líneas impresas en sus manos. Surge la incomodidad, los silencios tensos y el conocido esfuerzo por decir, decir, decir, deciiiiir. Pero no seamos tan pesimistas. En el fondo, sí había mucho para decir.
Luego de la frustrada puesta en escena del proyecto teatral, ambos personajes sueltan antiguas rabias y malentendidos logrando un diálogo conmovedor. Para mí este fue el clímax de la película. El nudo se desata. Aquello que los alejó durante diez años fue el dolor que cada uno (a su manera) sintió frente al suicidio de un amigo común en la adolescencia. El recuerdo de ese dolor callado, junto a la culpa por no haber percibido el gesto de la muerte tenuemente anunciada, los acerca ahora y los humaniza sin darse cuenta. El dolor empieza a dar paso a la risa y a la magia. Los personajes deciden entonces mostrar sus propios colores. Literalmente. La película recupera su color. Y el proyecto/pretexto pierde protagonismo. Ya no lo necesitan para estar juntos.
Volvamos a Bolaño porque sin duda pensaba en él a la hora de reflexionar sobre esta película. ¿No será que la catarsis abre nuevas posibilidades de vida? Entiendo que Bolaño está queriendo decir que quien no conoce el dolor no conoce la vida. Paradójico, no? Pero es así como la frase de la gran poeta chileno cobra sentido en un diálogo de amigos que el director Ezequiel Acuña muestra muchos años después en su película “Excursiones”.

viernes, 28 de agosto de 2009

De Fito Espinosa a Raymond Carver


Desde que me enteré que Fito Espinosa exponía en la Galería Forum, el entusiasmo fue evidente. Seguro presentía que me iba a encontrar con una obra lúdica, íntima, abierta y muy emotiva. Y así fue. Tanto, que me provocó jugar. Sentí que Espinoza se preguntaba hasta dónde podemos conectarnos con nosotros mismos y de ahí con los demás; cuánto espacio mental abrigamos para que ocurra lo inesperado: el amor; cómo lidiamos con la espera. Hasta dónde el amor significa tener una “visión compartida” sin que los momentos de ensimismamiento signifiquen necesariamente desamor. ¿Se puede amar estando solos?
Mirando las pinturas de Espinosa nos contactamos con el silencio, la incomunicación pero también con el miedo que nace de dejar libre el paso/abismo hacia el corazón. El díptico “La Mujer y El Corazón / El Hombre y La Razón”, reflexiona sobre los avatares de la comunicación en una relación de pareja. Sin embargo, pareciera que hay un estereotipo cuando leemos las respectivas frases que Espinosa apunta en su lienzo: “La mujer que veía con el corazón y El hombre que usaba sólo la razón”. Lo que llamó mi atención de esta pieza fue un texto poético que acompaña la obra en el catálogo de la exposición y que dice “Cada vez que cierro los ojos estás ahí. Abrirlos es perderte un poco”. Reveladora confesión. Qué importante resulta ser la imagen que nos hacemos del otro!! Cuánta utopía regada en el reino del amor. ¿No será mejor mantener un ojo cerrado para no desilusionarnos porque si lo abrimos nos perdemos mutuamente?.
Lo curioso de esta experiencia fue la transformación de estado de ánimo que fui sufriendo durante las siguientes horas y días a la visita de la muestra. Divagando un poco, como suelo hacer, se me apareció abruptamente la frase literal de un libro de Raymond Carver que se titula “De qué hablamos cuando hablamos de Amor”. Terminé sumergida, por lo tanto, en escenas sórdidas, en encierros domésticos, en vacíos profundos que no se alivian con una taza de café. Los personajes están cubiertos de poca luz, han sido abandonados o desalojados. En Carver apreciamos el pesimismo: el amor como un estado pasajero que un día necesariamente llega a su fin. Incluso, se sugiere la idea de la inexistencia del amor. “¿Es que a veces es sólo un recuerdo o ya ni siquiera es eso”, se pregunta un personaje cuarentón, quien irónicamente es un médico cardiólogo.

Ah!, me olvidaba. Sería interesante explorar cómo una propuesta artística que explora el tema del amor se apoya en la teoría matemática de los conjuntos.

domingo, 23 de agosto de 2009

"Razon de Peso"

El concepto de literatura se ha estirado tanto que ahora caben en ella expresiones no sólo estéticamente bien escritas, sino todo tipo de voces; entre ellas, el sonido del cuerpo, la mirada congelada en una fotografía, las sensaciones profundas de angustia, los deja vú, los colores que cubren los rostros más familiares. Si lo literario es, por decirlo, la forma de acercarse o alejarse del mundo, la capacidad para percibir lo poético en los lugares más cotidianos, por qué no proponer este blog como un espacio nuevo de discurso literario, o, mejor aún, como un espacio donde la pulsión puede fluir sin riesgo de caer en el CANON que nos oprime?
El estado de ensoñación constante o la atención libre flotante puesta al servicio de la sobrevivencia puede resultar en una soledad placentera, pero soledad al fin y al cabo. Me propongo entonces como el portavoz de un submundo que a simple vista no se ve y desde allí me lanzo a recorrer las calles más visibles de nuestra urbe. Desde allá hacia acá. Desde el laberinto infinito que no tiene nombre ni forma hasta los bordes más nítidos de la esfera terráquea. Si partimos de este lugar/no lugar, quiere decir que no hay tiempo ni lógica, no hay obligaciones con los ciber-lectores , no hay fechas fijas de entrega. Tampoco hay temática más o menos interesante porque todo esconde un gran sentido. Cedámosle la posta de una vez a lo más desconocido que habita en nosotros, es decir, a nosotros mismos.