
Hoy me siento un poco Franny (excepto en la edad!!).Da la casualidad que los personajes de Salinger son todos adolescentes pero yo comparto algunas “áreas de interés” o “zonas neuróticas”. Se trata de la desilusión. Las desilusiones varias que empiezan a amontonarse en fila india detrás mío (o delante) y me deprimen. Me atosigan tanto que me aprietan en la boca del estómago y termino magullada. Parece una cuestión física pero todo ocurre inadvertidamente mientras me levanto de un sueño corto, mientras voy reconstruyendo vivencias. Y entonces, como siempre me ocurre con los libros que escojo leer, me topo con el personaje llamado Franny de Franny y Zooey. Recién lo empiezo a leer pero ya me cautivó la forma de ser de esta chica universitaria que se reencuentra con su novio (en realidad no sé si se le podría llamar novio) para pasar un fin de semana juntos. La gran ilusión de él empieza a desvanecerse en cuanto se sientan en un restaurante y Franny empieza a hablar. Sí, simplemente a abrir la boca. El no se esperaba encontrar tan pronto con esta parte recontra aguafiestas de Franny. Quería disfrutar un poco de creer que había encontrado la chica perfecta. Pero es que Franny está tan llena de desilusión acerca de todo, de su carrera, del teatro, de los poetas, de la amistad, de la hipocresía, de la literatura, de la SOCIEDAD. Ella no quiere seguir hablando porque sabe todo lo que está generando en el buen Lane (él que además estaba sumamente contento por poder al fin haber logrado estar “en el lugar adecuado con la chica adecuada, o de aspecto adecuado”), pero las palabras brotan de su boca con la fuerza con la que el champan se dispara cuando descorchamos una botella. Claro que ella sufre de algo peor que yo. No es que se haya desencantado de alguien o de siquiera un puñado de mortales sino de todo y todos: “No sólo es Wally… Es todo el mundo, quiero decir. Todo lo que hace la gente es tan…, no sé…, no es malo, ni siquiera mezquino, tampoco estúpido necesariamente. Simplemente tan minúsculo e insignificante, y… deprimente. Y lo peor es que, si te vuelves bohemio o algo así de loco, sigues siendo tan conformista con los demás, sólo que de un modo diferente”. Eso es. Cada uno experimenta su propia desilusión pero obviamnete me identifico con la decepción femenina en este caso. Me voy a seguir leyendo porque esto está casi como una buena sesión de análisis…




