viernes, 19 de marzo de 2010

Salinger y sus imágenes entrañables


-Señorita Carpenter. Por favor. Yo sé lo que estoy haciendo -dijo el joven-. Ocúpate sólo de ver si aparece un pez banana. Hoy es un día perfecto para los peces banana.

-No veo ninguno -dijo Sybil.

-Es muy posible. Sus costumbres son muy curiosas. Muy curiosas. Siguió empujando el flotador. El agua no le alcanzaba al pecho. -Llevan una vida muy triste -dijo-. ¿Sabes lo que hacen, Sybil? Ella meneó la cabeza.

-Bueno, te diré. Entran en un pozo que está lleno de bananas. Cuando entran, parecen peces como todos los demás. Pero una vez adentro, se portan como cochinos. ¿Sabes?, he oído hablar de peces banana que han entrado nadando en pozos de bananas y llegaron a comer setenta y ocho bananas -empujó al flotador y a su pasajera treinta centímetros más cerca del horizonte-. Claro, después de eso engordan tanto que no pueden volver a salir. No pasan por la puerta.

-No vayamos tan lejos -dijo Sybil-. ¿Y qué pasa después con ellos?

-¿Qué pasa con quiénes?

-Con los peces banana.

-Bueno, ¿te refieres a después de comer tantas bananas que no pueden salir del pozo?

-Sí -dijo Sybil.

-Mira, lamento decírtelo, Sybil. Se mueren.

-¿Por qué? -preguntó Sybil.

-Contraen fiebre platanífera. Es una enfermedad terrible.

-Ahí viene una ola -dijo Sybil nerviosa.

-La ignoraremos. La mataremos con la indiferencia -dijo el joven-, como dos engreídos.

Mientras más leo a Salinger más crece mi necesidad de seguirlo. Luego de leer “The Catcher in the rye” y “Nine Stories” tengo que tenerlo cerca. En mi cartera fijo. Es imposible que esto no suceda si uno ha sentido ganas de recitar sus diálogos de memoria para declamarlos cuando la vida se pone fea. Claro que este fragmento de “Un día perfecto para el pez plátano” no es nada alentador. Pero igual funciona. Un joven desequilibrado mentalmente que está de luna de miel con su “chiquita” mujer está en una playa de un hotel de la Florida y mientras se dirige al mar se encuentra con una niña que lo busca para nadar juntos. Y es allí donde él anuncia, mediante la metáfora de los tristes peces plátano que entran en un agujero del que no podrán salir más, sus planes mortíferos.
Holden Caufield, el protagonista de El Guardián entre el centeno, es otro personaje entrañable por su irreverencia, su rebeldía, su forma de lidiar consigo mismo. Pero también es entrañable por algo más sencillo. Porque no deja de preguntarse a dónde irán a parar los patos de Central Park en temporada de invierno mientras recorre solitario Manhattan. Si bien para él esta es una pregunta casi existencial, cada vez que pide una explicación lo miran con cara de loco. Esta sensación de ser incomprendido recorre todo el relato. Entiendo que esta inquietud por los patos alude a tantas cosas juntas, tantos miedos y tanta incertidumbre!. Tantas cosas que damos por sentado de la vida o tantas cosas que pasan a nuestro alrededor y que nos son totalmente indiferentes!. Me pregunto... ¿cómo hizo para construir estas imágenes tan buenas portadoras de las vicisitudes del sufrimiento humano?

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