
¿Existe la manera de escribir un ensayo literario sin que lo autobiográfico del autor este presente y existe la manera de leerlo sin que lo personal vaya aflorando entre líneas? Mientras leo El laberinto de la soledad de Octavio Paz es inevitable no dialogar, no ligar. Y para eso se necesitan dos. El interés de Paz por colaborar con su país reflexionando y escribiendo acerca de la historia mexicana y la incansable (y frustrada) búsqueda de identidad, ¿no nace de observarse y preguntarse primero él acerca de su sí mismo? Sus ensayos son un cuerpo híbrido que va desde lo literario, lo histórico, lo psicológico, lo antropológico hasta lo autobiográfico. Y todo escrito poéticamente. ¿Acaso la poética puede estar aislada de cualquier acto de pensar y escribir, de vivir?. Paz parte de su yo para entender su mexicanidad, de su yo mexicano para entender el lugar del mexicano en el mundo y desde allí para entender la subjetividad del Hombre. De lo más particular a lo infinitamente universal. Si bien El laberinto de la soledad es un análisis de la identidad del sujeto mexicano desde una mirada social, no cabe duda de que el psicoanálisis y el análisis personal (intuyo) del autor están presentes. Freud y La religión monoteísta fue un referente según Paz. Y no es casual tampoco que mientras más leo, más crece mi sesgo profesional. Y entonces entro yo a tallar allí. En esas páginas de gran tinte político entro yo a tallar: dialogando con esa parte que dio origen al gran proyecto de construir una identidad nacional por medio de la palabra. Yo hago lo mismo a mi manera y en mi propia escala. Me identifico con ese proyecto de vida que es pensar quiénes somos desde las humanidades para entendernos en el presente. Pero, ¿podremos llegar a quitarnos todas las máscaras que nos hemos fabricado para vivir en sociedad como cree Paz que debemos hacer para ser por fin naciones latinoamericanas con historia y personalidad propia? Debemos conocer nuestras necesidades para implementar un plan de acción macro y y su equivalente en micro. Como dice José Martí en Nuestra América: dejaremos de seguir aplicando fracasadamente soluciones extranjeras a conflictos internos cuando sepamos quiénes somos y qué queremos. Ambos autores no conciben el desarrollo de América Latina sin poner la mirada en el adentro (en todas las dimensiones posibles). ¿No es esto lo que hacemos en nuestro quehacer diario? ¿no es el afán de Paz el mismo afán nuestro de desechar nuestro falso self? ¿No puedo yo entonces hacer el recorrido al revés, e ir de lo universal, leyendo a Paz, hacia lo más íntimo sumergiéndome en mi misma? Aunque el riesgo sea perderse en el laberinto, sí.



