
"Si me escucharas…"
Si me escucharas decir que ando nostálgica, algo fantástico hubieras inventado. No como el tiempo que, aunque transcurre, no silencia las grietas del dolor. No voy a negar que por momentos lo logra con rotundo éxito. Pero hay otros, como los de hoy, en los que “Concierto Animal” de Blanca Valera esta bien. Y se me ocurre que asaltando sus palabras y haciéndolas mías quizá me entiendas desde donde estás. “Si me escucharas/tú muerto(a) y yo muerta de ti/si me escucharas…” podría contarte tantas cosas, tantas como que “Esta mañana soy otra/(porque)toda la noche/el viento me dio alas/para caer...” Si me escucharas, seguro me prestarías tus alas, aunque con ellas me caiga una y otra vez, aunque las use como simple indumentaria porque no dejase de pisar firme la tierra. No sé. Porque hay veces sólo “trepo como una araña que soy/frágil y rencorosa…”. Otras, seguramente más atlética, trepo con fuerza para no dar “tumbos de lo oscuro a lo oscuro”. Y entre lo alto y lo bajo, entre los diálogos y la “hoguera de silencios” han transcurrido algunos momentos.
Qué manera ésta más sui generis de hablarte, en código morse. Y aunque esta poesía sea ajena, sé que la escucharás contada a mi modo. Contada por quien aprendió a “pensar en lo pequeño/y en lo inmenso/en las estrellas más lejanas/ e inmóviles…” para “no morir cada día un poco más”. Te dije que estaba nostálgica. Tú me hubieras animado a poetizar mi existencia. Te hubiera gustado escuchar de mi voz que Filón y Sofía se seducen filosofando, que voy descubriendo coincidencias entre personajes disimiles, que tengo pulsión literaria para no explotar, que dudo. Y tú hubieras coincidido conmigo acerca del dudar porque “a veces la duda/explícita como una flor/con pétalos y señales nos induce/a girar en nuestros ejes/a tener sed/a beber entintando labios imaginados…”. Pero perdóname por hacer esto, por pisotear versos ajenos para soñar. Es que si me escucharas no tendría necesidad de hacerlo. Es que si me escucharas… sabrías que “el animal que se revuelca en barro/(que)está cantando/(que)amor gruñe en su pecho/y (que) en sucia luz envuelto/se va de fiesta”, soy yo.
Si me escucharas decir que ando nostálgica, algo fantástico hubieras inventado. No como el tiempo que, aunque transcurre, no silencia las grietas del dolor. No voy a negar que por momentos lo logra con rotundo éxito. Pero hay otros, como los de hoy, en los que “Concierto Animal” de Blanca Valera esta bien. Y se me ocurre que asaltando sus palabras y haciéndolas mías quizá me entiendas desde donde estás. “Si me escucharas/tú muerto(a) y yo muerta de ti/si me escucharas…” podría contarte tantas cosas, tantas como que “Esta mañana soy otra/(porque)toda la noche/el viento me dio alas/para caer...” Si me escucharas, seguro me prestarías tus alas, aunque con ellas me caiga una y otra vez, aunque las use como simple indumentaria porque no dejase de pisar firme la tierra. No sé. Porque hay veces sólo “trepo como una araña que soy/frágil y rencorosa…”. Otras, seguramente más atlética, trepo con fuerza para no dar “tumbos de lo oscuro a lo oscuro”. Y entre lo alto y lo bajo, entre los diálogos y la “hoguera de silencios” han transcurrido algunos momentos.
Qué manera ésta más sui generis de hablarte, en código morse. Y aunque esta poesía sea ajena, sé que la escucharás contada a mi modo. Contada por quien aprendió a “pensar en lo pequeño/y en lo inmenso/en las estrellas más lejanas/ e inmóviles…” para “no morir cada día un poco más”. Te dije que estaba nostálgica. Tú me hubieras animado a poetizar mi existencia. Te hubiera gustado escuchar de mi voz que Filón y Sofía se seducen filosofando, que voy descubriendo coincidencias entre personajes disimiles, que tengo pulsión literaria para no explotar, que dudo. Y tú hubieras coincidido conmigo acerca del dudar porque “a veces la duda/explícita como una flor/con pétalos y señales nos induce/a girar en nuestros ejes/a tener sed/a beber entintando labios imaginados…”. Pero perdóname por hacer esto, por pisotear versos ajenos para soñar. Es que si me escucharas no tendría necesidad de hacerlo. Es que si me escucharas… sabrías que “el animal que se revuelca en barro/(que)está cantando/(que)amor gruñe en su pecho/y (que) en sucia luz envuelto/se va de fiesta”, soy yo.




