jueves, 3 de septiembre de 2009

Pintando América



Tengo un tesoro entre manos. Se trata de la bella edición que Gilda Mantilla y Raimond Chaves acaban de presentar bajo el título “Dibujando América” y que es el resultado de un largo proyecto fotográfico en el que los artistas recorren Venezuela, Colombia, Ecuador y el norte del Perú durante cien días. Conforman la presentación ocho cuadernillos recubiertos por una cuidadosa y ecológica caja de cartón. A primera vista este trabajo es la respuesta artística de los viajeros a una invitación que la 27ª Bienal de Sao Paulo (2006) les lanza para dibujar Brasil. Pero hay algo más que un fiel registro territorial. Este proyecto es más complejo. Puedo olerlo. E incluso intuyo que los autores estaban más interesados en plasmar lo que creyeron ver en lo que vieron y lo que desearon ver en lo que vieron. Como si para ellos, Brasil no es el territorio brasileño. Es lo que ellos imaginan que es Brasil. Es decir, como si para conocer Brasil bastara con no moverse del Perú. Mantilla y Chaves presentan uno de los cuadernillos así: “Quieren que dibujemos Brasil. Aceptamos el invite. Sin embargo Brasil suena enorme y no hay tiempo material para hacerlo. ¿Por dónde empezar? ¿Cómo manejar el deseo de alguien que quiere que dibujes algo? ¿En qué estarán pensando? ¿Será buena idea empezar a dibujar Brasil desde el Perú?...”
¿Será que Mantilla y Chaves nos invitan ahora a nosotros a pensar en lo que América significa?, y, por consiguiente, ¿será que nos invitan a pensar en lo que significa el Perú dentro de la gran América? Me lo pregunto así porque no es casual que este conjunto de imágenes impresas llegue a mi vida en un momento en que leo entusiasmada obras de autores criollos y mestizos como El Apologético a favor de Don Luis de Góngora o Los Comentarios Reales de los Incas que se enmarcan dentro del discurso literario colonial y que rescatan las bondades de América con orgullo aunque en sus venas haya sangre española. ¿Qué pasa con los autores que escribe sobre su patria desde el exilio? Retomando la idea de Mantilla y Chaves, América entonces, además de ser un continente, sería una idea, una concepción o una imagen que se tiene de ella y que puede ser compartida o no. Es decir, existiría un Perú en cada persona que se proponga pensar en él. Pero mejor juguemos porque me pongo densa y nostálgica.
Si los españoles descubrieron América hace siglos gracias a un afán aventurero (propio del romanticismo) y a un proyecto más bien lucrativo (propio de todas las épocas), si luego Mantilla&Chavez descubrieron América de una manera más amistosa a través de su mirada tolerante y sus creativos dibujos, ¿cómo hago yo ahora para descubrir América a mi manera? Empresa titánica si además no cuento para nada con las habilidades guerreras de los peninsulares ni con la destreza plástica de los artífices de esta publicación. La única herramienta interesante (o estresante tal vez) es mi tendencia a rumiar. Así que pensando y quizá soñando en cómo hacer para descubrir América se me ocurrió empezar por escoger un color para pintarla. Ya Mantilla y Chaves escogieron el turquesa para representarla. Para mí América podría ser el color de la campiña, del cielo abierto, de los pueblos perdidos, de los rostros con hambre, de los mantos tejidos a mano y, por qué no, de unos ojos con esperanza.

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