miércoles, 9 de septiembre de 2009

Historias desde el Galpón




“Proyecto Empleadas”, la obra teatral que se presenta por poco tiempo en el centro cultural elgalpón.espacio gracias a la sensibilidad de sus directores, Rodrigo Benza y Jorge Baldeón, es una propuesta interesante que se inscribe en la larga lista de ideas artísticas que vienen explorando la temática del/la trabajador(a) del hogar.
Entre las que recuerdo ahora, figura una muestra fotográfica llamada “La Otra” de la artista Natalia Iguiñiz. Se trataba de una serie de imágenes en las que aparecían las empleadoras posando junto a sus respectivas empleadas. Bastaba contemplar sus rostros y posturas para intuir todo acerca de la relación que había entre ellas.
"Bin-jip”, película del surrealista director coreano Kim Ki-duk, cuyo título original significa "Hogares Vacíos", trata sobre un joven indigente que se introduce como un fantasma en casas ajenas para hacer los trabajos domésticos que sus empleadores no hacen porque pertenecen a una posición social acomodada. Si bien en un inicio el personaje se introduce en dichos hogares en el anonimato total, con el tiempo, en esas mismas paredes abandonadas irá a descubrir el gran amor de su vida.
En este caso, “Proyecto Empleadas” explora dramáticamente esa trama que se va tejiendo entre quienes conviven en un mismo hogar y ocupan jerarquías distintas.
Pero empecemos por el galpón. Propicio lugar que los directores escogen para reflexionar sobre un tema social tan presente y tan dejado de lado en nuestra sociedad. Si pensamos que antiguamente un galpón era una casa destinada a los esclavos de las haciendas de América, desde allí hay mucho material que, sutilmente, se sugiere. Lo divertido es que uno se siente muy bien en ese galpón-garaje rodeado de gente amistosa, música en vivo, cafecito y luces de neón.
Mientras nos vamos acomodando en el estrado del espacio escénico las dos y únicas actrices de la obra, Stephanie Orúe y Andrea Fernández, ya están esperándonos lavando la ropa (de ellas?, de sus patrones?). Parece que los directores nos hicieran tomar conciencia de cuán cotidiana es esta escena en la vida de cualquier peruano. Me estaba acomodando en mi sitio y de pronto distingo nítidamente unos “ruidos” que simulan artefactos eléctricos, movimientos de alguien que está lavando platos, el chirrido de puertas que se abren y cierran, la alarma de un reloj; es decir, los sonidos de una rutina tan pesada como exclavizante.
Desde el inicio, la obra nos golpea y no deja de hacerlo durante toda la función. Asistimos a un viaje en el que por momentos nos identificamos con alguna escena doméstica, sentimos pena y culpa por ello, reparamos en la hipocresía social y en la desconfianza innata, nos avergonzamos de los gestos tan instalados de discriminación, nos apena por quienes vivieron pérdidas irremplazables y por quienes viven añorando una vida mejor.
Hacia el desenlace de la obra, una de las actrices alza la voz para proponer una idea que sigue resonando en mi mente. “Hay que prevenir la migración”.
Y me quedo pensando en la necesidad de que una obra como esta se presente en espacios teatrales más comerciales de nuestra ciudad. Valdría la pena.

1 comentario:

  1. Y por ahí anda "La teta asustada" de la chica Llosa. También el tema de la relación entre una mujer burguesa y su empleada doméstica migrante y marginal.

    ResponderEliminar