sábado, 3 de octubre de 2009

¿Sigmund Freud leyó a León Hebreo?


Después de leer algo de la obra de Freud es imposible vivir sin preguntarnos todo el tiempo por qué, por qué y por qué. Es imposible no pensar qué me habrá querido decir?… es imposible no leer el diario y no fantasear o estar manejando y no imaginar la vida que se esconde detrás de cada conductor. Qué persecutorio!! Pero no puedo negar que eso me pasa todo el tiempo. Así que contaré mis peripecias mentales leyendo la traducción de los Diálogos de amor de León Hebreo.
Filón y Sofía, personajes de la obra renacentista, hablan sobre el amor pero no pueden amarse (alta dosis de neurosis?). Filón es el amante ideal (o sea, no existe) y Sofía es la amada ingrata que se niega a acceder al deseo de Filón (histérica innata?). Los convoca sus diferencias acerca del deseo y el amor. Sofía dirá que el deseo nace de una falta porque uno desea lo que no tiene. Y lo que no se tiene no puede amarse. En suma, lo que se desea no se ama. Filón, por el contrario, cree que el deseo y el amor sí pueden coincidir más aún cuando la fantasía está de por medio (alucinación?).
Si pisamos el palito nos corremos el riesgo de que el amor se estropee, según Sofía. Desde su filosofía o experiencia de vida, todo amor llega necesariamente a su fin, se agota. Decide racionalmente entonces no responder al amor de Filón porque si lo hace estaría corrompiendo la perfección de ese amor puro. Entonces se ofrece como intocable. Porque si se entrega, Filón dejaría de ser el gran amante y ella la dulce amada. Y eso sería lo peor. Lo chotea pues. Y encima le pide a Filón que le prometa seguir hablando acerca del amor (qué sadomasoquista!).
Efectivamente, Filón se encuentra (inconscientemente?) con Sofía y ésta le pide que se siente a la sombra de un árbol a conversar (como en el diván?). Se disponen a hablar de lo prometido, del origen del amor, pero Filón no recuerda la promesa porque su congoja de no ser correspondido por Sofía es tan grande que anula toda posibilidad de pensar (qué envidia!) Hablan de amores enredadísimos, aquellos de los que no conocemos mucho los simples mortales. El amor entre las cosas inanimadas, los cuerpos celestes, los dioses griegos. Filón profundo explica que todo el universo se mueve gracias a las fuerzas del amor. Y que las cosas que existen en este mundo son más o menos evolucionadas según el grado de amor con que copulan el cielo (padre) y la tierra (madre). Definitivamente platónico. Pero Sofía cuestiona porque no entiende cómo puede existir amor entre las formas inanimadas. Filón ya casi sin aire habla de la existencia de un amor esencial que es causa y fin último de todas las criaturas que habitan el universo. Hasta que al final del diálogo ambos (al borde del delirio) concluyen que “el amor es una ligadura que une todo el mundo”. Y se cierra el telón hasta un nuevo encuentro.
¿Será que Freud leyó a León Hebreo antes de escribir sobre Eros y Tánatos? ¿Podemos ver en Filón la expresión más audaz de la pulsión de vida y en Sofía la pulsión de muerte? O más certeramente, ¿No es que Filón y Sofía nos pertenecen a todos?

3 comentarios:

  1. Pero el amor de Filón no es equivalente al impulso erótico de Freud ¿no? ¿O sí?

    ResponderEliminar
  2. Hola Andrés, seguramente Freud fue un gran apasionado pero como eros no existe sin tánatos, será que Filón no sólo es equivalente al impulso erótico de Freud sino al tanático y a otros más que no sabemos?

    ResponderEliminar
  3. Ah, eso sería interesante, que hubiera un complejo impulso erótico-tanático-algomás. Habría que ponerse a buscar el tercer término.

    ResponderEliminar